miércoles, 28 de abril de 2010

MARCO ANTONIO



CUANDO INVITA EL DIABLO

Cuando invita el diablo
es que llueve el cianuro.
Se envenenan las almas
y cantan los cocuyos.

En bandadas los cuervos
muy elegantes en negro,
con su batir de alas
se sacuden el miedo.

Los elfos traen sus mapas
en bolsas con arañas
al baile del infierno
sin esperar mañanas.

Semillas del demonio
en lágrimas sin cielo
fecundan en las larvas
que nutren los deseos.

Con el toque de queda,
un intento de fuga.
Nos retoñan las alas
y nos vamos al cielo.

lunes, 26 de abril de 2010

MARÍA JOSÉ L.



Mi Gran Noche

Era un atardecer húmedo y frió. Miraba cómo se acababa el día tratando de relajar la mente. Dejar de pensar. El sol se ocultó. Se cerró el balcón.
 Acabar los preparativos. Marchar sin mirar atrás.
Dos horas de autobús y en la radio que apenas oía, Adamo con Raphael .Qué acierto. Sonreí.

Entrada al Cuartel; dar el nombre, los datos y por respuesta un <<¿Qué talla usas?>>

Sí. Empezaba mi gran noche.



sábado, 24 de abril de 2010

¿DE QUE HABLAN FERNANDO Y SYLVIA?

CONTADORES DE HISTORIAS


BIBLIOTECA DEL FONTAN - OVIEDO, ESPAÑA

CONCURSO DE RELATOS BREVES

PRIMER PREMIO

MARILUZ FERNANDEZ LLAMES



SOBRE LA MARCHA

No le gustaban las gasolineras.
Sobre todo las que pedían a gritos una mano de pintura.
Las que se dejaban invadir por papel higiénico y latas aplastadas.

Tiró de la cadena tras dejar caer las llaves del piso.
Veinte años de bostezos se fueron haciendo gárgaras.
Salió con la agenda en blanco y el reuma mordiéndole las esquinas.

Un camión gigantesco bramaba entre el polvo de la nacional.
Ella se plantó en medio.
De espaldas.
No se veía una nube.

Él frenó a costa de reventar los tímpanos al pavimento.

Lo dejó gritar veinte segundos.
LO justo para que las venas del cuello se luciesen.
- Cierra la boca y ábreme la puerta. Tienes compañía.

Un llavero y una calavera bailaban junto al retrovisor.

sábado, 17 de abril de 2010

MARCO ANTONIO



SOMOS POETAS

Hablar de la muerte no es un tema.
Dejemos a ese actor en su escenario,
el miedo y la sospecha es su cortejo,
el soplo de la luz nuestra palabra.
Somos Reinas y Brujos; las diademas
que reviven la razón. Somos poetas.
No hay por qué morir si el verbo nos reclama.
En la brecha, desmonta los corceles,
no habrá vigilia, la fiesta es de los nuestros.
Somos la rosa, la ortiga y la esperanza.




MARILUZ



MARTA  DE VACACIONES


Este año Agosto regala respigos
hace un rato las bolsas de la compra
bailaban con el viento
la vecina bramaba desde sus ochenta y pico

ni una carnicería abierta
el pescado por las nubes

los centímetros de cielo que asoman al salón
están francamente oscuros
como la otra tarde en la finca de Fernando
que no me arrancaba la furgoneta

tú sujetando la portilla
tuviste tiempo de quedar como una sopa

anoche llegaste a Frankfurt
el mensaje dice que todo bien
pero que muy cansada

me pregunto si Check Point Charlie
entonará su canto de sirena
y te dejarás caer por allí

bitte, bitte, dirás en las tiendas
el redoble enérgico del tambor de hojalata
se colará desde alguna esquina

el jueves tomaremos mistela sin ti
y el hueco de tu silla será grande

juraría que me toca poner albóndigas
no te llamaré para convidarte

tanta lejanía
además

la carne de ternera no te va.






viernes, 16 de abril de 2010

ERNESTO



DESDE EL PARQUE

Estamos en el Parque Central de Aglaura. Da igual venir del Norte, que venir del Sur, que del Este o del Oeste; si seguimos las referencias paisajísticas de la pequeña urbe, siempre terminaremos en el parque.


Dos anchas avenidas se cortan en la fuente que nos marca el centro del parque: la alta, o rica, se viste con los edificios nobles, y la baja que está desordenada urbanísticamente con edificios altos y bajos de una sola planta casi adosados el uno al otro.

En los espacios que dejan, a modo de ángulos rectos ambas avenidas, confluyen otro número indefinido de calles estrechas. En la parte más occidental destaca la calle de las hilanderas, donde las mujeres, si el tiempo lo permite, realizan labores textiles en las aceras. La calle del pescado, en la que cuatro pescaderías compiten por ganarse al cliente. Si nos pasamos a su derecha tenemos la calle de la carne. Tiendas de ultramarinos y tres carnicerías reclaman con sus ofertas al gentío. Otra calle casi paralela sirve de atajo a los niños, aprovechando que no hay coches (por no estar pavimentada), para llegar al parque. En la parte baja vemos muchas curtidoras, en cualquier patio vemos pieles secando al sol, con su pestilente olor al que se acostumbra nuestro olfato al cabo de un tiempo. En esa misma calle está el zapatero, el herrero, el taller de bicis, el peluquero, el ayuntamiento, la ferretería y un pequeño bar en el que todos calman su sed al acabar la jornada. Y más a la diestra, confluyen otras calles que están puestas para mantener la simetría. Nadie transita por ellas, no tienen salida, empiezan todas en el río que ahora baja seco y en la más ancha se encuentra el cementerio, y a su lado una ermita, en la que en su día, se celebraban misas.

Y el parque, que como centro neurálgico engulle a la ciudad, como un imán que atrae a las demás calles con sus habitantes incluídos. Con un césped desgastado, tres estatuas que recuerdan a alguien que en su día fue famoso y varios bancos de madera esperando ser el centro de las tertulias vespertinas. El barquillero y dos toboganes carcomidos hacen las delicias de los niños. Todo esto sin olvidar a su ángel de la guarda: la enorme fuente que con su elevado salto de agua vigila desde las alturas el grueso de la ciudad.



Ernesto