lunes, 11 de enero de 2010

COSAS DEL SILENCIO



Dice Vila-Matas que una hoja cae, sin ruido alguno
y  toca la línea del horizonte

en qué horizonte estarás tú
que ya no ves estos cristales salpicados
ni escuchas el reloj

sus pilas moribundas.

Una hoja cae, dice, sin ruido alguno
y yo pienso en el estruendo de tu ausencia
y en  el de las hojas secas.

Para ellas el horizonte no es más que la suela de un zapato.


Mari Luz

sábado, 9 de enero de 2010




—SOMETHING STUPID— Dijo la vieja americana sentada en la mecedora que parecía a punto de desvencijarse trozo a trozo soportando aquel peso. Culo arriba, culo abajo, culo arriba, culo abajo.

—SOMETHING STUPID— repitió al compás de los movimientos asimétricos que efectuaba con la ayuda de sus nalgas para coger impulso. Petronila la había invitado porque era su vecina de puertas. Habitaban una casa de dos apartamentos separados por una pared común. Una de esas construcciones adosadas donde la privacidad se limitaba a lo visual, el audio burlaba el parapeto ya que se podían oír los pedos de la señora americana desde cualquier esquina de su casa y hasta cuando cepillaba sus dientes de cerámica y los soltaba dentro del vaso de agua oxigenada produciendo un sonido casi musical. En verdad la había invitado para que vieran juntas al presidente de los Estados Unidos de América por la tele. Esa noche daba su primer discurso a la nación después de los primeros cien días de incumbencia.

—SOMETHING STUPID—volvió a repetir la señora mientras Petronila ajustaba los controles del televisor y ella se impulsaba en la mecedora siempre con la ayuda de sus nalgas y sus pies. Hubo un instante en que sus 140 kilogramos de humanidad consiguieran el movimiento pendular adecuado, pero en el próximo segundo, toda ella se desplazó con cierta violencia como si el portal se hubiera convertido en una pista de bolear. Terminó haciendo diana en el televisor destruyéndolo, la mecedora también quedó destrozada, nadie intentó repararla.

—SOMETHING STUPID— se dijo la señora americana así misma sentada sobre los escombros electrónicos y mirando a Petronila que no entendía una palabra de inglés. 

Marco Antonio



miércoles, 6 de enero de 2010

PERO POR QUÉ...







Por la misma razón
por la que te echo de menos
sin conocerte

por aquel sol rotundo
de cuando la vejez
no acechaba tan de cerca

quizás porque sí.


Mariluz

martes, 5 de enero de 2010

PARA MARCO (y compañía)



Best wishes
Mariluz

COSAS DEL TALLER LITERARIO...




EJEMPLO DE CUANDO EL CURSO DE UN RELATO TRAE OTRO TEMA POR DEBAJO.

La mujer lo vio, le atrajo y ya quería estar con el, devorarlo, hacerlo suyo.
la mujer tomó entonces los cubiertos y cortó el primer trozo de corazón de un filete.

JUEGO DE PALABRAS

1 -Canijo, solfeo
,
La música siempre fue la pasión de Marisina. Practicaba el solfeo mañana y noche mientras el canijo de su hemano se entretenía debajo del piano mirando entre sus piernas. Cada vez que ella pisaba el pedal de las bemoles, el reía como si le hubiesen hecho cosquillas.

2- Demonio, pichurri

Eres un demonio pichurri, acabas de comer fabas con chorizos y morcillas y ni mencionar la tarta de chocolate con fresas adornado con la crema catalana. Te acuestas a mi lado, me empalagas con tus besos, me tientas con tu cuerpo desnudo, nos cubres hasta la cabeza con la manta nórdica y dejas escapar uno de tus pedos.


3- Aleluya grito el pastor a tope de sus pulmones desde su estratégica posición en el púlpito. Recorrió con su mirada el océano de almas que aquel domingo sentaba un precedente, la mayor asistencia de feligreses desde la fundación de la iglesia. Casi todos hombres, casi todos viejos. Aun le quedaba por descubrir al farsante que les vendió las taquillas y los catalejos insinuando que las chicas del coro en la galería del balcón, nunca llevaban bragas.

lunes, 4 de enero de 2010

¡APAGAR, APAGAR!




Había que apagar la televisión. Los golpes de los vecinos en las paredes y sus voces diciendo algo sobre el ruido, el volumen y no sé que más me hacían pensar que era lo más conveniente. Pero no era tan fácil. Tendría que llegar junto al mando a distancia que alguien dejó a tres metros de mí y luego estudiar cómo hacer para apretar el botón sin manos, pues me olvidaba decir que no tengo brazos ni manos (mamá dijo que si Dios me quería así, así tenía que ser, y así es); apagar directamente en la tele era imposible ya que está a dos metros de altura y si quisiera tirarla saltando debajo no podría porque ahí hay un armario con bebidas. Yo estaba tumbado en el sofá y en la televisión alguien cantaba Blue Moon. Mientras la tarareaba me giré y la parte inferior del cuerpo cayó al suelo. Debo decir que tengo dos piernas pero pegadas de tal manera que se diría que sólo tengo una. Podría operarme pero mamá dijo que si Dios me había hecho así, así debería seguir. Y así sigo. En fin, con la parte inferior de mi cuerpo en el suelo puedo arrodillarme, metí la cabeza contra el sofá y enderecé las piernas o pierna, no sé. No fue fácil pero lo conseguí. Ahora tenía dos opciones o saltar o mover los pies lateralmente para llegar hasta el mando, la estrechez del sitio me obligaba a hacer esas cábalas y detrás del sofá había cables del ordenador, de otra televisión y de la mini cadena procedentes de una regleta junto a la pecera. Imposible para mí. Mientras sopesaba qué era lo más adecuado, ya de pie me percaté de una cosa que no podía apreciar en la anterior posición: el mando flotaba en la pecera, y era grande y muy honda. Esto daba al traste con mi idea de apretar el botón con la nariz. Ahora sonaba la melodía de El hombre elefante en la televisión, una que dice algo de un circo, sin embargo no se veía nada, la pantalla estaba oscura. Los golpes de los vecinos que me constaba estaban llenos de rabia iban desapareciendo ocultos por el volumen de la televisión que había subido por sí sóla. Estaba seguro de que en el momento en que la hiciera callar los vecinos cejarían en su empeño de derribar las paredes, que ya empezaban a desmenuzarse. Hice lo que vi hacer a otros héroes, buscar una solución sin amedrentarse ante el peligro. Me dije a grandes males, grandes remedios, la inspiración llegaría. Quedé quieto. No me pareció que ése fuera un gran remedio, pero no supe que hacer. Tampoco tuve tiempo para pensar en nada más. Los vecinos habían logrado hacer agujeros lo suficientemente grandes para introducirse por ellos, al hacerlo, pude ver que tenían las cabezas ensangrentadas y se retorcían como gusanos. Lo que nunca pude imaginar era que no tenían brazos y que sus piernas estaban pegadas. Tres de ellos llegaron a ponerse de pie y vieron el mando. Fueron hacia él y sin pensarlo dos veces los tres metieron las cabezas en la pecera y  trataron de apretar el botón con sus narices. El mando se hundió y ellos intentaron presionar el botón contra el fondo de la pecera, pero al parecer, tres cabezas pensando por su cuenta son muchas. La pecera se estrelló contra el suelo, el agua cayó sobre los cables y todos murieron electrocutados. Yo no me había movido, así que el agua no llegó hasta mí. Después de todo fue un gran remedio. ¡Ah! la televisión se apagó.

Enrique Tejón








domingo, 3 de enero de 2010





         SI ALGUIEN PIENSA COMO YO, 
              QUE ME LO DIGA …

No es tiempo el que me sobra para alargar la lengua y saborearlo todo. Es su falta lo que más añoro para poder tragarme los colores del mundo, las noches y los días, las gotas de la lluvia, el olor a pan horneado, la risa de los niños y todo lo que se acerca a mí por los cinco sentidos, sea bueno o malo. Y encuentro que me falta tiempo para todo, hasta para deshacerme de la carga emocional, producto de la humanidad que vibra a mi alrededor. Eso me desdobla. Quisiera tener un alma con suficiente espacio para amar hasta el infinito, pero no la tengo. Será porque la piel que me toca en casi todos los encuentros no lo permite, parece arder y me quema ese espacio con su propia desconfianza. Son pieles que no sudan por temor a descubrirse, su olor a miasma es real, su egocentrismo, una babosa húmeda que lame y chupa hasta consumirlo todo. A veces me siento aplastado bajo el peso de mis propias contradicciones. Lo digo en voz alta como si no me importaran un carajo los habitantes de mi entorno, pero no es verdad, me importan todos y todos me causan un descarnado dolor en el alma. No acierto a ubicarme en éste rompecabezas como lo que soy, una pieza más. Debe ser que me apesta la vida, porque nada es como uno lo sueña. He dejado de oír por las orejas para prestar mejor atención a mis fantasías y así he descubierto que el placer de vivir de sueños es más agradable que la puta realidad que perciben mis sentidos. Creo que estoy escribiendo así, porque hoy murió un amigo en un accidente de tráfico, alguien a quién aún le quedaba mucho por vivir.

Marco Antonio