jueves, 28 de febrero de 2013

SERÉ PARA UN SIEMPRE ...

Llegar a tu memoria ensombrecida
calado hueso a hueso en el olvido
es como un eco sin voz reconocible,
o un iluso que ovilla sin visiones.
La mácula en mi sábana es denuncia
y en mi armadura de carne, la punzada.
Repudias, sí , la cicatriz del beso
que plantó tu lujuria y no en mi pecho.
Hay vivencias que se ocultan tras tu escote
mordidas con relámpagos de fuego,
heridas que el delirio de tu honor condena
cabalgando las mentiras apropiadas.
He de llegar entre los pétalos del tiempo
como la página húmeda perdida en altamar.
Sacudiré tus recuerdos, traicionaré tu ego
y en las sombras del lecho tú volverás a ser.

Marco Antonio

viernes, 21 de septiembre de 2012

EL AVERNO


Podría decir que conozco este lugar. Alguna vez he estado aquí, mucho antes de que tuviera consciencia o noción del tiempo. Sé que poseemos cinco sentidos, pero ahora sólo uno parece funcionar: el que percibe la claridad y las tinieblas. Ha sido esa luz, plagada de sombras la que me ha dado el primer indicio: supe que no estaba solo cuando los celajes provocados por aquel intenso resplandor comenzaron a agujerear las tinieblas transmitiendo una sensación de movimiento. No, no era un lugar extraño. No, no estaba solo.

Me esforcé en ser más preciso e Intenté identificar el lugar. No pude reconocerlo como un país, una región o una ciudad, pero sí estaba seguro que aquello que se proyectaba ante mis ojos eran retazos de experiencias vividas, lugares de puertas y ventanas. Fragmentos de luz y sombras se cruzaron frente a mi visión y tuve la sensación de que se estaba abriendo un puente. Ahora me transportaba asistido por los otros sentidos, podía tocar los muros y los marcos de las puertas, aspirar con cierta repugnancia el olor a sudor agrio que emanaba de las sombras. Al final me atreví a escupir el sabor fétido depositado en mi lengua con cada bocanada del vaho que respiraba. Me pregunté qué lugar podría ser este que albergaba vestigios de todas mis memorias, de todos los lugares donde había estampado mi huella siempre sedienta de discordia, desconfianza, odio y traición. ¿Qué rostros son estos que aún no puedo ver, pero que sin dudas, sí son familiares en mis entrañas?

Comienzo a reconocer pasos sobre lo ya mil veces he andado: adoquines azules en calles estrechas, el asfalto de las anchas avenidas, los caminos de piedra y la sensación de humedad que transmiten las zanjas que se forman en el fango después de un aguacero. Sentí miedo porque intuí que esta travesía no me llevaba a ninguna parte, aunque visitaba lugares ya transitados que sospecho no fueron seleccionados al azar. Aquí me enfrentaba a mis experiencias malvividas y sin sentirme totalmente sólo, no estaba acompañado. Había perdido la noción del tiempo y comencé a entender que todo esto era más que una pesadilla, parecía que había comenzado a cumplir una condena.

La incertidumbre, la ansiedad y el desespero de no saber… sabiendo, tenía que ser un castigo, algo que se convertiría en un terrible tormento exigiendo que mi alma deambulara eternamente para que reviviera los pasajes de infamia que minaban mi miserable existencia. Como si otra vez aquel cuervo mitológico del pasaje bíblico regresara para roerme las vísceras mientras que yo en cadencia perpetua, continuara recordando una y otra vez.

Marco Antonio

domingo, 15 de abril de 2012

EL ABUELO



¿Adónde habrá ido el abuelo?


¿Habrá desensillado el caballo tobiano en el campo lejano de las estrellas?

Con su valija de cartón, su sombrero negro y chato y sus bombachas de gaucho, estará mirando a ese viejito reflejado en el espejo de alguna laguna, riéndose y preguntando - ¿todavía estoy en la tierra?

El abuelo… mirando hacia adentro, hacia los recuerdos, contando historias del campo, mientras avivaba el fuego con algunas ramas, mirándome pensativo. ¿Y la abuela? En algún atardecer, estará sentada en su mecedora de mimbre, zurciendo las medias de los nietos para enmendar la pobreza, recitando bajito ese poema de amor que aun guardaba en su corazón.

Una calle de tierra hacia el sudoeste con yerbajos y pisadas cansadas de vaquillonas, que pasaban en las mañanas anunciándose con sus cencerros, para ofrecer la leche espumante y tibia. El tiempo grisáceo del invierno, transcurría lento en una infancia sin demasiados matices. Saltar la zanja, que separaba la angosta vereda del potrero, cazar mariposas o atrapar en el hueco de la mano algún bichito de luz.

Un cierto temor al anochecer, tal vez al viejo molino que chirriaba con el viento. El miedo a través de la vida se va adquiriendo y nos ponemos un escudo de valentía. Algunos lo dejan de lado. Yo no. Mis miedos me acompañaron siempre. La vida pasa, la vida sigue. Las cosas y los sentimientos se van quedando atrás, sin darnos cuenta vamos cambiando pero al envejecer tenemos que encontrarnos con aquel niño que fuimos y seguir mirando todo con el mismo asombro hacia los sueños. Al recordar a los abuelos quise imaginar sus vidas, pero sabía poco y nada de ellos.

No solo se heredan los rasgos de una raza, se heredan las cosas que se llevan en el alma, imperceptibles, diáfanas, nostálgicas. Los indios llevan el sufrimiento de siglos en sus rostros, los orientales la serenidad y la armonía de sus costumbres. Las mujeres transmiten de madres a hijas, vivencias y sentimientos de un pasado remoto, como los árboles en la memoria de sus especies, siempre darán el mismo fruto y la misma sombra.

Carmen Passano

Argentina.

lunes, 23 de enero de 2012

Nuevo Año en el Arenadecaracoles







Ahora que ya sólo se oye el eco de las Celebraciones y que se han esfumado las alharacas de fin y de comienzo de Año, nos viene el verdadero día a día.
Es el momento para festejarlo más delicadamente, a solas con la poesía que todos tenemos por aflorar.


Si hacemos Click en el enlace aparecerá una muestra del lenguaje de la Música y de las Flores, que también pueden inspirarnos a la escritura. 


Os invito a expresaros  en comentarios o mediante nuevas entradas.
Un abrazo a todos los lectores y seguidores del Blog.









sábado, 15 de octubre de 2011

MIGUEL CAMBOR

                      CONTRATANDO MUSA
                       (con experiencia)


He decidido presentirte.
He dado ordenes para que ilustres mi sueño.
Me he propuesto que existas
y has de obedecer.
Y si no existes,
te exijo que me lo hagas creer...
miénteme
háblame bajo,
bordame suspiros.
Que no es fácil contratar
a una musa nueva
para coser versos
a destajo.

Miguel Camblor

domingo, 2 de octubre de 2011

                   
                  ADIÓS AL AMIGO

Al Poeta Sanluiseño de las Cosas Simples, Antonio Esteban Agüero, desde su ciudad (Merlo) a mi ciudad (Santa Fe), in memoriam...

En especial, y muy afectuosamente, para el amigo en el Maná de la Palabra y, por ende, Hermano en Humanidad, Marco Antonio Peña…

22 de Setiembre de 2011 Adrián N. Escudero (Santa Fe, Argentina)


Suerte no haber viajado. Estar en ella y con su familia, y sobre todo en ese día. En aquel último día... Hablaba, en principio, de su ciudad: lagunera y bordada por la silueta serpenteante de los mosaicos defensores del paso lento pero arrollador del Paraná, el tigre de los ríos... Hablaba entonces de Santa Fe. La de Argentina, claro está. Alfajores y humedad, mosquitos y dulce de leche. Y una blanca telaraña de heladerías y rubios puestos cerveceros. Calurosa y desnuda. Hasta ese día al menos... Después, caminar. Vagar soltando de a poco la mochila de un crónico stress laboral...
Ahora, una señal en cruz: Pedro Díaz Colodrero y Avenida 7 Jefes. El faro oblongo y chispeante. Unos juegos para niños. La fuente estallando brillos frente al negro telón de un cielo difuminado de estrellas y de sueños. Dos muchachas en bicicleta. Por detrás, un par de niñas riendo a los brincos... Todo en un radio de cincuenta metros. No más. Él, vértice de la magia de aquella noche especial. La doble vía. El cantero central boulevareño. El marco costanero elongado. Los fuegos del cordón esteño, serenos y amarillos, reflectando como columnas de oro su candor hundido en la Setúbal. El nuevo puente carretero; sus guirnaldas dibujando una pirámide egipcia en el aire cálido del anochecer citadino. Las burbujas de vida y luz asomando al extraño la simple y aguerrida arquitectura de Barrio El Pozo...
El cartel, cerca suyo: “TREVI, helados artesanales”. Chocolate con avellanas, pide. Delicioso. El último helado del verano. La silla metálica pero acogedora. Sus piernas estiradas como tocando con la punta de los pies cada objeto nombrado. Unos minutos antes, hora y media de caminata ahora suspendida. Boulevard Pellegrini, Boulevar Gálvez, Canal 13 (perdón, Telefé). La egregia estatua del Brigadier; del Brigadier General Don López Estanislao, claro está: y su herrumbre de caballo noble e hidalgo caballero. Todo un prócer jubilado por los rastros añosos de su pose ecuestre. Carcomido por el tiempo y el olvido ciudadano. Pero todo pasa...
Atrás. Porque ahora eso: las nenas que se hamacan. Péndulo de picardías. La quietud del ambiente y de la atmósfera. Unos pocos vehículos y alguno que otro caminante como él, parpadeando el gesto vivo de los vivos. La quietud. Contemplar la maravilla de aquel hermoso día en su definitivo crepúsculo estival... Por casualidad, solo. Como para no enturbiar a nadie con esa melancolía agridulce que le ahoga el pecho aquietado, con el que ya no podrá respirar –a partir de mañana- el viento cálido de la estación de la vida.... Casi una lágrima. Casi. “TREVI, helados artesanales”. Chocolate con avellanas. Delicioso. Casi terminándolo...
... Casi. Fue quizás en esa brisa o en ese viento de postrer soplido. Sus ojos abiertos a los indicios de una furtiva intromisión del Otro. Sí. sus oídos atentos a... Shhh, ¿Qué? Shhh. ¡Dime! ¡Escucho! Shhh...: volveré. ¿Cómo? Shhh: son los nueve meses que necesito. ¿Quién...? Shhh. ¿Para qué? Shhh: para nacer de nuevo... Como ustedes; cada nueve meses... ¡Ahhh! ¿No serás...? Shhh: lo soy. Digo tu nombre, amigo mío. Shhh: no lo digas. Él no debe escucharlo. ¿Por qué? ¿Cómo? Shhh: él cree, cada vez que me lleva, que será para siempre. Que jamás volveré... ¿Te refieres al Otoñ...? Shhh: no lo pronuncies. Lo advertiría, y haría lo imposible para demorar el parto... Entonces, callaré. Shhh: gracias. Entonces, ¿hasta pronto? Shhh: sí, hasta pronto... Luego, retomará la marcha. Caminará. De vuelta al hogar. Con su familia y en su ciudad. Ya no cálida. Siempre húmeda. Delante suyo, un grupo de muchachos y chicas adolescentes, todavía no se han dado cuenta que llevan, pegado a sus cuerpos viriles y seductores, los restos del Verano...
Dice ahora adiós al amigo. Y reza. Reza por el sempiterno nacimiento de su estación favorita. Con una lágrima, casi. O el sudor que se desploma de su frente envejecida un año más, aunque siga parpadeando el gesto vivo de los vivos...

Adrian N. Escudero

martes, 20 de septiembre de 2011

CARMEN PASSANO

UN PALACIO DE AMOR NOCHE ADENTRO

Sin haber nunca imaginado que ese hombre de los ojos de perro triste me miraría de ese modo, me quede mirando cómo se alejaba. Parecía cansado, necesitando una caricia en esa cabeza despoblada y lustrosa. Me sentí tentada de reírme de mi ocurrencia. Su mirada, vagaba en puntos lejanos, me extendió la mano y sin mirarme se presento. El silencio no se cuanto tiempo duro, pero de pronto sentí la necesidad de sentirme amada, subiendo escalinatas hacia el cielo, imagine un mundo en las estrellas de la mano de un hombre perdido en la soledad.
Me imagine caminando a la orilla de un río, queriendo atrapar el agua que se llevaba la corriente; pensé en un arroyo de aguas diáfanas y quietas, pero se me escurrían de los dedos ríos y arroyos, y nada podía hacer para retenerlos. Sería bueno si pudiera convertir en fuego todo este amor que siento por el pobre hombre de los ojos tristes. Una hoguera luminosa y ardiente que calentara el frío de sus manos. Me quede mirando las flores de un jardín y una tibieza de rosas de terciopelo se trepo por mi sangre. Las glicinas inundaron de cielo la primavera. Quise tocar las llamas de la hoguera y me queme las manos. Tal vez porque el fuego es caliente como el sol, me acorde del mar y los castillos de arena.Pero ahora el mar estaba lejos, muy lejos, y los castillos de arena, se deshacen con las olas, pero sin embargo en mi imaginación, comencé a construir torres y columnas, pasillos y cúpulas. Pero al atardecer el viento me echo arena en los ojos, y sentí una pena inmensa que me lleno de lágrimas.Si… se necesita un material más sólido que los sueños para construir un amor.
Abandone la desierta playa y me fui a la montana, me senté en la cima y en voz alta comencé a describir al hombre que había en mi imaginación. Pero nadie me podía oír. Cuando el hombre de los ojos tristes cansado de mi irrealidad, se quedo en silencio, yo quise construir con palabras un palacio con paredes de letras, sólidos muros repletos de poemas y cuentos. Pero con el silencio, el palacio de palabras se deshizo. Llego el anochecer, agotados todos los recursos, no se agotaba sin embargo el deseo de ese loco y desesperanzado amor. Al final, cerré los ojos y suavemente me dormí entre los imaginarios brazos.
Soñé. Soñé con un jardín con muchos jardineros, que llenaban de pequeñas piedras blancas las canteras, con los sueños de todos los que aman, los poemas de todos los tristes surgiendo de la tierra como un árbol creciendo, llenando los espacios de colores y fragancias. Vi también la sombra de un palacio sobre las piedras, la figura de un hombre vencido en la luna, alejándose.
La luna había tenido tiempo de ocultarse varias veces. Noche adentro. Y desperté.