viernes, 29 de enero de 2010

HOROSCOPO Y RIBEIRO - MARILUZ



TURNOS

Miro al nuevo día
por una rendija del ojo
y bostezo un saludo
al horóscopo de mi vida

definitivamente
toca rizar el rizo
poner patas arriba la agenda cósmica

toca volverte a llamar
y alicatar el mundo
con un ribeiro.

Mariluz

martes, 26 de enero de 2010

AGLAURA




CON ELLA

Aglaura merecía la pena
estuve allí
y me habría quedado

antes de que el neón se cegase en aullidos
antes del cóctel de óxido bajo las aguas
panorama roto en la colina
cristal y acero rechinando los dientes
plumaje negro
ojo avizor en los cables

Aglaura hablaba por sí sola
estuve allí
y no supe cuidarla.

Mariluz

lunes, 25 de enero de 2010

LOS BALSEROS



Un año glorioso. Me perdí en el Louvre y fui rescatado por náufragos balseros (no, no eran cubanos) que llevaban años tratando de encontrar la salida. Théodore Géricault habría intentado señalar el camino orientado por la imaginación y la maestría. También estimulado por el valor intrínseco que ahora demandaba su obra

Marco Antonio

viernes, 22 de enero de 2010

LIQUIDAMOS LOS PRECIOS




Abu Hassan había hecho una fortuna vendiendo excremento de cabras para utilizarlo como abono.En aquellos tiempos y en aquella región tan árida y desprovista de recursos, poseer un inmenso rebaño de cabras  con la capacidad de producir alrededor de 125 kilos de excrementos todos los días, era una bendición.

Cada mañana se alineaba una columna de camellos frente al almacén de excrementos con sus respectivos jinetes y esperaban a que el propietario terminara sus oraciones matutinas y abriera el negocio. Para Abú Hassan,  esto era el mejor testimonio a su dedicación y esfuerzo. Vendía la mierda a un precio exorbitante, únicamente dejando un pequeño margen para sobrevivir y volver a comprar más abono. Nunca se había sentido tan feliz, era un círculo vicioso que en cada ronda lo hacía más rico.

 Una madrugada alguien tocó a su puerta. al abrirla se encontró frente a una figura vestida de andrajos, de ojos incandescentes, y pupilas verdes que inmediatamente se clavaron en él. Un hombre cuya  mirada penetrante parecía atravesarle el alma y desnudarle el pensamiento. Se apoyaba pesadamente en un tronco de madera pulida que le servía de bastón, llevaba sobre su cabeza un curioso sombrero de pico adornado con planetas, estrellas y jeroglíficos. Abú Hassan pensó que éste hombre tenía el aspecto de un hechicero, uno de esos magos que vagan por la tierra ejerciendo todo tipo de embrujos y  artimañas.

—Que la paz  sea con usted — pronunció el anciano en un grave tono—. He atravesado el desierto guiado por las estrellas, pero mis ojos ya no son lo que eran; así  que perdí el rumbo y terminé a su puerta. Llevo tres noches pernoctando en el desierto. No es tanto el hambre o la sed lo que me agobia, pues llevo algo de sustento, es la necesidad de descansar, de dormir en un lecho para recuperar mis fuerzas.


     —Mi estimado señor — respondió Abú Hassan, en un tono frío y formal—. No es esto un refugio, ni un albergue para beduinos o encantadores de serpientes. Es mi residencia familiar donde viven mis esposas, mis hijos y mis concubinas.


     —Podré pagarle por su bondad, respetable señor –interrumpió el anciano–,  es solo por una noche y no requiero más que un lecho en un rincón donde pueda descansar mis huesos.

     —No puedo aventurarme y permitir que un extraño invada mi morada—repostó Abú Hassan ya con una actitud de insolencia—. Al final de esta casa hay un almacén donde se acumula el excremento de las cabras, allí podrá pasar la noche, el estiércol seco le servirá de cama. Le permitiré dormir sobre un tesoro inimaginable. Yo no podré pegar un ojo pensando si alberga malos designios o  si su avaricia es más poderosa que el cansancio. Puede que su magia sea terrible y podría hacer desaparecer toda esa fortuna que sólo a mí me pertenece, aunque ahora esté en forma de excremento. Como yo no podré pegar un ojo, mejor le aconsejo, anciano, que duerma en otro lugar donde la tentación no le marque como un villano común y que en la mañana, tenga que cortarle las manos por robar lo ajeno.

En aquella tierra nunca llovía, pero esa noche se desató una tormenta tan terrible e inusual de la que aún se habla después de haber pasado cien años.

Llovió mierda toda la noche y los tres días siguientes. La tierra nunca más necesitó abono. Las cosechas reverdecían desde un confín al otro de aquella tierra.

Abú Hassan sentado a la puerta de su almacén de excrementos lanzaba gritos de angustia y proclamaba su desgracia en un enorme telón colgado sobre la puerta del almacén que anunciaba:


LIQUIDAMOS LOS PRECIOS. El kilo de mierda de cabra a 0.10 de Dinar.

Marco Antonio

jueves, 21 de enero de 2010

MAURICIO



se creó este blog, se hizo esta pregunta: ¿por qué este blog? Mi respuesta fue: porque de poetas, sabios y locos, todos tenemos un poco. Por eso me atrevo a publicar este soneto.





LA NOCHE- SONETO

                                          



¡Oh noche oscura y de tristeza llena!
¿Cuántas veces en sueños me has turbado,
mostrándome cual novio engalanado,
tus voces zalameras de sirena?

¿Quién logró regaslarse con mi pena?
¿Quién piensa en este pobre enamorado?
¿Qué alma hay que sepa mi cuidado?
¿A quién mi honda tristeza le enajena?

Que he contado tu mal, llorando el mío
y ha sido tan amargo el cruel llanto,
que han llorado, con migo, las estrellas.

Es fruto inútil el amor que envío,
envueltas en los pliegues de tu manto.
acoge noche amiga mis querellas.

Matritri. Mauricio






martes, 19 de enero de 2010




Arrugas

pitanza del tiempo

óxido
en los tornillos
de mis pisadas.

Mariluz

AGLAURA






Se podría decir que conozco este lugar. He estado aquí mucho antes de que descubriera la  noción del tiempo. De los cinco sentidos, sólo uno ha despertado: el que percibe la claridad y las tinieblas. Fue esa luz, plagada de sombras la que me dio el primer indicio: Supe que no estaba solo cuando los rasgones intermitentes provocados por aquel intenso resplandor  agujerearon las tinieblas, transmitiendo una sensación de movimiento. No, no era un lugar extraño. No, no estaba solo.


Intento identificar este ambiente tan familiar. No es exactamente un país, una región o una ciudad, pero sí son retazos de experiencias vividas en ellas, lugares de puertas y ventanas. Fragmentos de luz y sombra de todos los enclaves que cruzaron frente a mi visión. El puente se ha abierto y ahora puedo transportarme asistido por los otros sentidos, ahora puedo tocar los muros y los marcos de las puertas, oler la repugnancia del sudor agrio de las sombras que transitan por mis costados y hasta escupir el sabor fétido que me invade con cada bocanada del vaho que respiro. Me pregunto, ¿qué ciudad podría ser esta que alberga vestigios de todas mis memorias, de todos los lugares donde he estampado con mi presencia una huella sedienta de discordia, desconfianza, odio y traición? ¿Qué rostros son estos que no puedo ver pero sí identificar en mis entrañas?


Reconozco  mis pasos al andar lo ya mil veces andado: las pisadas sobre  los adoquines azules de una estrecha calle, sobre el asfalto de una ancha  avenida, sobre un camino de piedras, sobre los surcos del fango después de un aguacero; y sin nadie decírmelo, sé que no voy a ninguna parte.  


Se podría decir que he llegado de todos los lugares conocidos, de todas las ciudades transitadas, de todas las experiencias malvividas. Se podría decir que no estoy solo y que esta vigilia donde no existe la noción del tiempo, es una condena donde la ansiedad y el desespero de no saber… sabiendo, se convierte en un terrible tormento. Como si  para toda la eternidad, un cuervo mitológico me royera las vísceras.


Marco Antonio