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Eso de la despedida
Aprendí
eso de la despedida
en los agujeros negros del planeta Cero.
En sus ojos llorosos.
En las noches vacías,
en las tardes grises,
y en los duros reproches de una cama fría
Aprendí a despedirme
de la mano de Erebo.
En su oscura nube,
universo denso
pude ver un día la nada que se mece
en la piel del viento.
Aprendí que la alegría existe para ser recuerdo,
en dos o tres horas
quizás en minutos
o quizás...
o quizás fue un sueño.
BRAÑA Y MAR
Media tarde en la braña. La niebla no dejaba ver a dos pasos. Mario juró por enésima vez; la vaca no libraba y él no quería molestar al veterinario. Aparte de ser muy caro, cuando llegaba, casi nunca hacía falta.
—Sí tenía razón el abuelo—mascuyó. Por cuarta vez limpió alrededor y echó más paja.
—Sal, necesito más sal…
Noche de estiércol.
Lejos en altamar, Berto el hijo de Mario, desde la cubierta del pesquero saludaba al naciente sol.
<<—Si ye neña será Alba.>>
CUANDO INVITA EL DIABLO
Cuando invita el diablo
es que llueve el cianuro.
Se envenenan las almas
y cantan los cocuyos.
En bandadas los cuervos
muy elegantes en negro,
con su batir de alas
se sacuden el miedo.
Los elfos traen sus mapas
en bolsas con arañas
al baile del infierno
sin esperar mañanas.
Semillas del demonio
en lágrimas sin cielo
fecundan en las larvas
que nutren los deseos.
Con el toque de queda,
un intento de fuga.
Nos retoñan las alas
y nos vamos al cielo.
Mi Gran Noche
Era un atardecer húmedo y frió. Miraba cómo se acababa el día tratando de relajar la mente. Dejar de pensar. El sol se ocultó. Se cerró el balcón.
Acabar los preparativos. Marchar sin mirar atrás.
Dos horas de autobús y en la radio que apenas oía, Adamo con Raphael .Qué acierto. Sonreí.
Entrada al Cuartel; dar el nombre, los datos y por respuesta un <<¿Qué talla usas?>>
Sí. Empezaba mi gran noche.
CONCURSO DE RELATOS BREVES
PRIMER PREMIO
MARILUZ FERNANDEZ LLAMES
SOBRE LA MARCHA
No le gustaban las gasolineras.
Sobre todo las que pedían a gritos una mano de pintura.
Las que se dejaban invadir por papel higiénico y latas aplastadas.
Tiró de la cadena tras dejar caer las llaves del piso.
Veinte años de bostezos se fueron haciendo gárgaras.
Salió con la agenda en blanco y el reuma mordiéndole las esquinas.
Un camión gigantesco bramaba entre el polvo de la nacional.
Ella se plantó en medio.
De espaldas.
No se veía una nube.
Él frenó a costa de reventar los tímpanos al pavimento.
Lo dejó gritar veinte segundos.
LO justo para que las venas del cuello se luciesen.
- Cierra la boca y ábreme la puerta. Tienes compañía.
Un llavero y una calavera bailaban junto al retrovisor.
SOMOS POETAS
Hablar de la muerte no es un tema.
Dejemos a ese actor en su escenario,
el miedo y la sospecha es su cortejo,
el soplo de la luz nuestra palabra.
Somos Reinas y Brujos; las diademas
que reviven la razón. Somos poetas.
No hay por qué morir si el verbo nos reclama.
En la brecha, desmonta los corceles,
no habrá vigilia, la fiesta es de los nuestros.
Somos la rosa, la ortiga y la esperanza.