martes, 25 de mayo de 2010

ERNESTO



REY DE PICAS



No hubiera sido el deseo de Eladio estar ahí en ese momento, pero le pudo el interés de ver en vivo el destino de sus pertenencias en aquel salón.

Serio, con la mirada fija en el atril, rememoraba su pasado cargado de gomina, coches caros y mujeres guapas. Aquél impoluto jugador de póker asistía a la defenestración de una vida dedicada al juego. Otra vez más, el “haber” había desbancado al “debe” con la crueldad disfrazada en aquel naipe que tanto anhelaba y se hizo el remolón.

Con cada adjudicación se le escapaba entre los dedos una cosa nueva. Se fijaba en el postor y en una rápida mirada de arriba abajo parecía mascullar: “¡Buitre, tú no mereces eso!” Cuando le llegó la hora al apartamento de lujo, no aguantó más y abandonó la sala. No quería presenciar un allanamiento legal de morada

Cabizbajo, salió al hall del hotel. Había escuchado de viva voz la sátira que le había deparado la vida. En el vestíbulo cruzó con el conserje una mirada que oscilaba entre el consuelo y la complicidad. Mientras esperaba al autobús, aparecieron con risas y voces alegres los subasteros que ya salían.

Eladio pensó: “maldito rey de picas”

Finalmente se subió al autobús, miró hacia un destartalado 127 que circulaba paralelo a ellos. Le encantó:

“¡Cuando pueda, tendré uno así!”



Ernesto










miércoles, 19 de mayo de 2010

MARCO ANTONIO




              TENDREMOS AYUDA


¿Cómo se trata al inconsciente de cabeza hueca que orina contra el viento y no le importa mojarse la cara? La tendencia contemporánea es acostumbrarse a comer con la misma cuchara y escuchar con los mismos oídos porque aunque digerimos la información de distintas maneras, no todo lo desechable va a parar al intestino grueso. Por efectos de la peristalsia algo se escapa e invade el cerebro. Entonces, los de cabeza hueca, reaccionamos como si fuéramos lo único que importa y empezamos a mear contra el viento. Nos olvidamos de todos, incluso ignoramos que una vez fuimos educados en buenas maneras y no con la idea de ir meando contra el viento y salpicando impunemente los rostros y pantalones de otros contertulios. Estos ególatras no tienen nada en común con aquellos que optan por compartir el pan de cada día respetando el espacio y los derechos de sus semejantes. Como no sé tratarlos, he decidido sonreír y saludar a todo el que por mi lado pase, conocido o desconocido, He decidido retomar las viejas tradiciones: abrir puertas y ayudar a ancianos cuando crucen los pasos de cebra o el medio de la calle si allí los encuentro. He decidido integrarme al sentimentalismo de escuchar las penas de otros sin contarle las mías. He decidido luchar contra el inconsciente de cabeza hueca con la ayuda de Don Alonso Quijano y su escudero Sancho Panza.

Marco Antonio

martes, 18 de mayo de 2010

JOSÉ MANUEL SANTOMÉ



“OCEANO DE SOLEDAD”

- Buenos días. Soy Lucía. Tengo una mala noticia que darle Sra. Amalia; acabo de recibir la resolución del Juzgado. Hemos perdido … ¿Me escucha Sra. Amalia?
- …Si, si, dígame.
- Me parece una gran injusticia que quieran desahuciarla de su casa natal a sus 90 años sin apenas pruebas. Recurriremos. Creo que tenemos una posibilidad en la Audiencia. Mandaré una carta a La Nueva España para que publiquen la historia.Organizaremos alguna manifestación frente al Ayuntamiento. Buscaremos apoyos hasta debajo de las piedras… Lo siento Sra. Amalia, haré todo lo que pueda.
- Lo sé, vida, lo sé. Muchas gracias.
La anciana colgó el teléfono con la mirada ausente. Mientras en la radio de la cocina sonaba una canción de Andrés Calamaro.

Flaca/ No me claves/ Tus puñales/
Por la espalda/ Tan profundo……

Recogió la carpeta con la documentación para devolverla al antiguo arcón de la sala. Lo abrió y se demoró contemplando los recuerdos de toda una vida:una caja con fotografías en blanco y negro de gente olvidada; una lata con papeles surcados de elaborada caligrafía; desdobló un raído velo de novia oculto entre unas mantelerías; acarició su muñeca de porcelana que le faltaba un brazo; había también una vieja botella envuelta en una hoja de periódico, parecía contener agua, la destapó y olía salado. Colocó la carpeta con la documentación en el arcón y cerró la tapa. Por la junta asomó parte del desflecado forro del baúl y la esquina de un papel amarillento. Volvió a abrir el arcón y deslizó su mano entre el forro para coger el papel y acomodar con mimo la tela. Era una carta. Fue a la cocina para ponerse sus lentes que estaban encima de la nevera.

Maracaibo a 3 de Abril de 1905

Amadísima esposa María Concepción:
Espero que al recibo de la presente os encontréis bien de salud. Yo de momento bien, gracias a Dios.
Te diré que la bodega que abrí va funcionando bastante bien. En ella como ya sabes vendo licores, ron, chicha, mistela, se vende muy bien el café y el tabaco, también tengo legumbres secas, maíz, yuca, cacao y espero seguir aumentando el negocio con más artículos. Por cierto la llamé “La Maliaya” en tu recuerdo. Maracaibo es una próspera ciudad. Hace mucho calor todo el año pero tiene un precioso lago para refrescarse. Os va a gustar, ya verás. Solo espero el día en que podamos reunirnos. Da un gran abrazo a tus padres a los que estoy muy agradecido.
Me preguntabas qué hay al otro lado del océano. Te diré que ahora mismo mucha soledad por tu ausencia y la de nuestra recién nacida Amalia. Háblale mucho de mí para que me recuerde. Hay mucho amor esperando por vosotras. Lágrimas y añoranzas por nuestra tierra, su verdor y frescura. Y el dolor de no saber cuando estaremos juntos de nuevo y regresar dichosos para siempre a nuestra patria.
Te envío dinero para que pagues a Don Genaro la mitad de la casa, espero mandarle el resto en un par de meses pero dile que tiene que arreglar el corredor y la panera. Dile también que no venda la finca de la Tenaciella. Calculo que para final de año le mandaré los 4000 reales acordados por la finca.
Bueno sin más que contarte, escríbeme pronto y recuerda que os amo más que a nada en el mundo y lucharé para que se cumplan nuestros sueños.
Tu amado esposo

Marcelo

Unas lágrimas se escurrieron por ese padre desconocido. Apretó la carta contra su pecho y así se mantuvo largo rato. Descolgó el teléfono y marcó.

- Doña Lucía… Soy Amalia. Dígale al hijo de Don Genaro que acepto su oferta de 3 millones de pesetas por la casa y las tierras… Si, lo pensé bien. Pero con la condición de que me busque un asilo desde donde pueda ver el mar..
-
José Manuel Santomé Vázquez

lunes, 17 de mayo de 2010

MARILUZ



UN PEQUEÑO ROCE
Los sillones son confortables
la vista, estupenda
en el piano bar versionean grandes éxitos
a la derecha, el mar
a la izquierda, montañas desnudas

un roce interrumpe la lectura
una niña aparece empujando una silla de ruedas
los ojos azules de la madre
la rigidez de las piernas.

domingo, 16 de mayo de 2010

ENRIQUE TEJON



NOCHES DE AIRE

Yo estaba observando a los dos jóvenes que se miraban por encima de la mesa azul. Sus gestos me hacían recordar los míos y los tuyos: los nuestros. Cuando me acariciabas la mano y yo era feliz.
En la calle la tormenta obligaba a la gente a correr, como corrías cuando te alejaste de mí para siempre.
El color de la mesa me trajo a la memoria la falda azul que llevabas puesta la primera vez que nos vimos. En forma de oleadas sentía que debía buscarte; alejarme; ir tras de ti; decirte adiós. Los errores que cometí ya no se podían borrar; me desesperaba que esto no tuviera marcha atrás.
Salí a la calle y dejé que la tormenta se apoderara de mí. El viento me hacía tambalear y me obligaba a sujetar el sombrero mientras la gabardina volaba; la lluvia resultaba un alivio; ¿cómo vivir sin ti? Caminé y caminé hasta perderme en la niebla que cayó sobre la ciudad como un gas que convertía la luz de las farolas en una nebulosa. Entré en otro bar. Apoyé los brazos en la barra y dejé caer la cabeza. En ella resonaban tus tacones mientras corrías, mientras te alejabas para siempre, para siempre. Tuve ganas de llorar, pero no lo hice; me armé de valor con dos whiskys dobles. En el tercero decidí que esto no me iba a ocurrir jamás. Levanté la cabeza, bajé del taburete y salí a la calle. Las cosas iban a cambiar. En ese mismo instante conseguí adueñarme de mí de nuevo. O eso creía.
La siguiente parada fue en un bar de baja estofa en el que en diez minutos hubo dos peleas. Cuando me ofrecieron sexo respondí que esa noche no pero que no descartaba volver otro día. La chica me echó el humo a la cara y se rió. Su risa era igual que la tuya. Llevaba una falda azul. Miré el color de las mesas: era indefinible, como lo fue nuestro amor por tu parte; ahora me resultó evidente. Había sido un necio que aun sabiendo que amaba más que era amado, me negué a aceptarlo. O quizá no; quizá sí que lo acepté. Tal vez eso sea el amor. Al pensar en esta palabra casi escupo. A partir de ese momento sería un hombre sin sentimientos, sin alegría, aquello en lo que uno se convierte cuando decide ser gris por dentro.
Alguien me empujó y derramé el vaso; pedí otro. Volvieron a empujarme y el vaso se cayó. Miré a quien me empujó. Este tenía una mirada desafiante. Iba a tener pelea. En otro tiempo habría tenido miedo pero el estoicismo con el que me estaba armando me dijo que no tenía nada que perder. Y el hombre pacífico que fui hasta entonces dio paso a otro más peligroso. Aunque no por ello tonto. Vi que tras él otros me estaban observando. Eran sus amigos; así que fuera como fuera no iba a salir de allí igual que entré. Pensé qué podía hacer. Cogí el vaso y con un rápido movimiento se lo rompí en la cara. Cayó con cara de bobo. A partir de ahí empecé a recibir golpes. Recuperé el conocimiento en la neblinosa estación. Tenía un ojo totalmente cerrado y el otro velado con su niebla particular, había sangrado por las narices y la boca. Por el dolor supuse que tendría alguna costilla rota, tal vez más. No pude levantarme. Me apoyé en la pared y decidí esperar a recuperar fuerzas o a morir, me era indiferente. Me daba absolutamente igual; estaba decidido a ser indolente y aquella paliza me había reafirmado en mi decisión.
Entonces el tren se puso en marcha y te vi en la ventanilla. Tuve la impresión de que también tú me veías y mis labios hinchados intentaron esbozar una sonrisa. Quise levantar la mano para saludarte; el brazo estaba roto. Iba a dolerme pero el tren empezó a alejarse contigo dentro. Mi propósito de ser un individuo sin sentimientos se vino abajo… Pero solo fue un instante. Conseguí ponerme de pie. Con el brazo bueno me coloqué el sombrero y arreglé como pude la destrozada gabardina. Con dificultad me acerqué a las vías. Todavía faltaban tres vagones por pasar. Pensé que podíamos estar unidos por el tren al menos hasta la próxima estación. Tosí. Fue como si me clavaran cuchillos en el pecho. Me sentí bien con el dolor.
El tren desapareció en la niebla.
Yo también.

Enrique Tejón

sábado, 15 de mayo de 2010

MARILUZ




MOSTAZA Y TENDAL
SIEMPRE COLORES
Siempre pensé que la mostaza era una salsa.
Esa diarrea que comparte bocadillo con el tomate.
Puede pasar.
Pero prefiero el puré de patata.
Ahora resulta que la mostaza es un gas.
Mereció la pena cumplir años.
Puede que la mostaza y el butano sean familia.
Éste es tan naranja que tiñe los camiones que lo reparten.
Tuvimos un balcón de ese color.
Llegaba el frío
y nos hartábamos de subir y bajar colores.
El Chele decía que pesaban como su madre.
Date cuenta, la ictericia lo dejó huérfano.
Creo que los gases son horteras.
Dice El Chele que no.
Que, en tal caso, son apasionados
y explosivos.
Si se trata de hablar de explosiones
puedo poner varias sobre la mesa.
Incluso las no correctas políticamente.
Aunque hay temas que no se tratan en la mesa.
Nos lo dice siempre la maestra
Lo dice y explota.
Aunque de mostaza y butano, la pobre sólo tiene una capelina.
Tenía.
Era de franjas bicolores y levantaba dolor de cabeza.
Se la volamos el uno de Mayo con un petardo.
Le dejamos los jirones bailando en el tendal.
El padre de La Cuqui, cuando se enteró, le reventó el tímpano de una hostia.
Pero no es lo mismo.
Los reventones son de otro color.
Tiran a verde.
Y la vaca ni se entera.
Todo el día pegada a la alfalfa.
-Déjalo ya, que vas a reventar. Le dice El Chele.
Pero es necia y sigue.
Y al cabo de tres horas aún mastica.
Siempre por joder.
¿O será por aburrimiento?
Este es el peor de todos.
Siempre cruzo los dedos para hablar del aburrimiento.
No es gas exactamente, se parece al agua
inodoro e insípido.
Pero negro.
Como los cuervos y las sotanas.
Lo dice El Chele.
- ¿Cómo va la vida, Chele?
- Negra. No cae el telón ni pa dios.

domingo, 9 de mayo de 2010

MARCO ANTONIO


ALBA - ESTIERCOL

FINAL CON ESPERANZAS

Todos pensaban que el fin del planeta estaba muy cerca. La gravedad específica de los mares había cambiado de tal manera que aquellos objetos que unos meses atrás se hundían hacia las impenetrables profundidades de los océanos ahora parecían flotar en una zona intermedia cerca de la superficie. Criaturas que por milenios navegaron en la oscuridad soportando la inmensa presión de la masa oceánica ahora se podían observar con claridad desde el puente de cualquier embarcación. Nada crecía en la tierra porque se habían agotado los ingredientes orgánicos que contribuían a soportar la vida. Los avances tecnológicos no aplicaban porque en la Naturaleza no quedaban elementos sintetizables para producir nutrientes con qué regenerar los campos. Escaseaba el agua potable porque había dejado de llover. Con el tiempo todo dejó de funcionar y la raza humana comenzó a retroceder hacia sus orígenes mientras la población se reducía de manera exponencial.


Percepolio había cumplido los cuarenta años cuando descubrió que la única máquina que aún poseía la capacidad de regenerar materia inocua en el mundo era el ser humano. Percepolio era un valorado científico y en compañía de Andréfalus, su fiel asistente, un día al despertar EL ALBA observó como su primogénito, un bebé de tres años, que hasta entonces sobrevivía consumiendo tierra y corteza de los pocos árboles que quedaban, había comenzado a ingerir ESTIÉRCOL; también sus propios excrementos. Semanas más tarde su complexión mejoró y parecía haber aumentado de peso. Pensó entonces el científico que las condiciones extremas del planeta habían forzado una transmutación en el organismo de la especie animal hasta el punto en que podíamos sobrevivir ingiriendo desperdicios orgánicos.

Percepolio que además era ambicioso, inmediatamente formuló un plan para enriquecerse pensando en la posibilidad de que su idea resultara ser un éxito y cambiara los catastrófico pronósticos de que el fin de la civilización estaba próximo.

La tarea fue ardua. Durante los meses siguientes, los dos científicos, también comenzaron a ingerir tierra, cortezas de árboles, pedazos de piedra y, claro está, excrementos y ESTIÉRCOL. Pronto descubrieron que, al igual que la criatura, ellos también estaban aumentando de peso y por alguna inexplicable razón, no necesitaban agua para sobrevivir.

La noticia se esparció como la pólvora:Científicos en la ciudad de Aglaura han descubierto la fórmula para restaurar la vida. Por el momento sólo se podía conseguir en cantidades limitadas. Se vendía en bolsitas plásticas de doscientos gramos que costaban una fortuna.



Marco Antonio